El Señor nos bendijo permitiéndonos realizar un año más nuestra estación de penitencia con todo el esfuerzo y la ilusión que ello supone, esfuerzo que desde lo más profundo de nuestro corazón vamos formando piedra a piedra durante todo un año. El año anterior la lluvia hizo mella en el desfile haciéndose palpable prácticamente en todo su recorrido. El día amaneció con algunas nubes tan típicamente asturianas pero que no nos impedía en ningún momento ver el sol.
A las 20.30 de la tarde y tras la bendición dentro de la Corte del todavía en los corazones de todos Señor Arzobispo de Oviedo, hoy ya Arzobispo de Valencia, se abrían las puertas de nuestra parroquia para que iniciásemos el desfile.
En primer lugar y precedida por hermanos de la Ilustre Hdad. de la Santa Vera Cruz de Gijón, la Santa Cruz, con un exorno floral en amarillo y naranja, con su correspondiente sección de damas de mantilla seguida de la agrupación de tambores. Le seguía el Paso del Santo Cristo Flagelado, con morado y rojo en las flores sección de damas de mantilla y la banda de ha Hdad. de Jesús Divino Obrero de León. Las flores que daban forma al calvario del Señor eran entre otras, amarilis, gerberas, gladiolos color naranja, rosas rojas...Un semblante sereno y dolorido del Señor que derrama su sangre en la noche del Martes Santo en Oviedo.
Detrás, la Reina de la Corte, María Stma. de la Amargura, cuyo adorno floral lo componían exclusivamente flores de color rosa. Como habréis podido comprobar cada año se aportan algunas novedades que ya iremos abordando con mayor exactitud en próximas entradas, como por ejemplo, los cambios de atuendo en el vestir de María Stma. de la Amargura, que este año estrenaba el bordado completo de su saya o algunas novedades que saldrán a la luz pronto, entre otras cosas.
La noche invitaba a la reflexión personal de cada uno y cada rincón de Oviedo imponía un sello de recogimiento... ¿Qué me decís de la entrada imponente a la Pza. de la Catedral del Santo Cristo Flagelado, o de la llegada soberana de María Stma. de la Amargura al Tránsito de Santa Bárbara?. Un recorrido discreto, sencillo, que invita a la penitencia y a la sencillez extrema. Ya al pasar el arco de San Vicente comienza a brotar la emoción de que todo se va acabando, la Santa Cruz ya está dentro, El Señor se dispone a hacerlo y La Reina de la Corte retrasa a modo de mecidas suaves el camino que la lleva de nuevo a su camarín.
En definitiva un desfile cargado austera penitencia y con un mismo denominador común, a Jesús por María.
A las 20.30 de la tarde y tras la bendición dentro de la Corte del todavía en los corazones de todos Señor Arzobispo de Oviedo, hoy ya Arzobispo de Valencia, se abrían las puertas de nuestra parroquia para que iniciásemos el desfile.
En primer lugar y precedida por hermanos de la Ilustre Hdad. de la Santa Vera Cruz de Gijón, la Santa Cruz, con un exorno floral en amarillo y naranja, con su correspondiente sección de damas de mantilla seguida de la agrupación de tambores. Le seguía el Paso del Santo Cristo Flagelado, con morado y rojo en las flores sección de damas de mantilla y la banda de ha Hdad. de Jesús Divino Obrero de León. Las flores que daban forma al calvario del Señor eran entre otras, amarilis, gerberas, gladiolos color naranja, rosas rojas...Un semblante sereno y dolorido del Señor que derrama su sangre en la noche del Martes Santo en Oviedo.
Detrás, la Reina de la Corte, María Stma. de la Amargura, cuyo adorno floral lo componían exclusivamente flores de color rosa. Como habréis podido comprobar cada año se aportan algunas novedades que ya iremos abordando con mayor exactitud en próximas entradas, como por ejemplo, los cambios de atuendo en el vestir de María Stma. de la Amargura, que este año estrenaba el bordado completo de su saya o algunas novedades que saldrán a la luz pronto, entre otras cosas.
La noche invitaba a la reflexión personal de cada uno y cada rincón de Oviedo imponía un sello de recogimiento... ¿Qué me decís de la entrada imponente a la Pza. de la Catedral del Santo Cristo Flagelado, o de la llegada soberana de María Stma. de la Amargura al Tránsito de Santa Bárbara?. Un recorrido discreto, sencillo, que invita a la penitencia y a la sencillez extrema. Ya al pasar el arco de San Vicente comienza a brotar la emoción de que todo se va acabando, la Santa Cruz ya está dentro, El Señor se dispone a hacerlo y La Reina de la Corte retrasa a modo de mecidas suaves el camino que la lleva de nuevo a su camarín.
En definitiva un desfile cargado austera penitencia y con un mismo denominador común, a Jesús por María.

