jueves, 15 de abril de 2010

PASCUA GLORIOSA


Acabados ya los días de pasión y dolor, secas ya la sangre del martirio y las lágrmas del desconsuelo, una luz irrumpe en la fría roca del sepulcro penetrando en todos nuestros corazones.

Es Pascua de Resurrección. Cristo ha vencido a la muerte coronado de gloria eterna. Su madre dolorosa, la misma que recorrió tras Él los pasos del Calvario, con el puñal clavado aún en el pecho, se reviste de esa gloria y estrena este manto de damasco blanco haciéndonos partícipes, mejor que nadie, de la alegría del tiempo pascual. El día venció a la noche, la luz del blanco a la oscuridad del terciopelo morado.

Hermosa y radiante, muchos dicen que más guapa que nunca, recoge todas las alegrías y deseos de todos esos hijos que, al mirarla, suplican un hueco bajo su manto.

martes, 6 de abril de 2010

MARTES SANTO


Ocho y media de la tarde. Martes Santo. La Corte abre sus puertas y se echa a andar el Silencio. día incierto en cuanto al tiempo se refiere, fina lluvia al final de la calle Jovellanos, obligando al cortejo a discurrir por la calle San Juan y desembocar directamente en la plaza de la Catedral, a partir de entonces la noche se volvió más tranquila, sin agua y con esa plasticidad que imprime singularidad a nuestra estación de penitencia. En esta ocasión aún mayor, gracias a ese fortuito transcurrir entre los palacios de Camposagrado y Valdecarzana. Haciéndose el momento más recogido y solemne.

Abre la marcha la Santa Cruz, sin ángeles, sigue el Cristo Flagelado sin los faroles de siempre, sustituidos por unos hachones. En el medio de los dos pasos, la banda de cornetas y tambores estrenándose en la calle. Cerrando el cortejo, la Reina de la Amargura, esta vez estrenando toca sobremanto y rosario de plata en su mano.

Un año más poniendo la medida justa, el toque exacto, la noche cerrada y fría a un Martes Santo. La voz de la calle agradece ver pasar nuestra procesión, dicen que remueve el sentimiento, que incita a la oración, que abriga el alma...Sencillo y solemne, austero y humilde, así es el Silencio en Oviedo.

domingo, 4 de abril de 2010

MISERICORDIA Y AMARGURA


Palabras que definen un encuentro entre dos cofradías, entre la Madre y el Hijo, en ese mágico día que es siempre el Domingo de Ramos. Entra Jesús en Jerusalén y empieza la Pasión.

Plaza llena frente a nuestro templo esperando ese momento que ya se viene convirtiendo en uno de los más esperados de nuestra Semana Santa.

Cada paso acompañado por su banda, "la muerte no es el final" interpretado por la tuna universitaria, saetas asturianas para cada una de las dos imágenes, y al llegar el encuentro los dos pasos se arrodillan con cuidado, honrándose mutuamente. Emociones y aplausos. La rosa roja en la mano de la Madre terminará a los pies del Hijo ya muerto. Como la vida misma.

La Señora torna a su templo, aguardando el dintel de la puerta, con la candelería encendida, hasta que pierde de vista al Hijo, calle abajo. Bella estampa que llenará otra página más de ese álbum forrado de sentimientos y recogido en nuestro corazón.