Palabras que definen un encuentro entre dos cofradías, entre la Madre y el Hijo, en ese mágico día que es siempre el Domingo de Ramos. Entra Jesús en Jerusalén y empieza la Pasión.
Plaza llena frente a nuestro templo esperando ese momento que ya se viene convirtiendo en uno de los más esperados de nuestra Semana Santa.
Cada paso acompañado por su banda, "la muerte no es el final" interpretado por la tuna universitaria, saetas asturianas para cada una de las dos imágenes, y al llegar el encuentro los dos pasos se arrodillan con cuidado, honrándose mutuamente. Emociones y aplausos. La rosa roja en la mano de la Madre terminará a los pies del Hijo ya muerto. Como la vida misma.
La Señora torna a su templo, aguardando el dintel de la puerta, con la candelería encendida, hasta que pierde de vista al Hijo, calle abajo. Bella estampa que llenará otra página más de ese álbum forrado de sentimientos y recogido en nuestro corazón.


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