12 de septiembre. Diez celebraciones de la Exaltación de la Santa Cruz a nuestras espaldas, apertura de un nuevo año cofrade de especial interés. Espléndido el Crucificado de la Piedad, esta vez sobre trono y con artístico y amplio exorno vegetal y simbólico. Dispuesto a bendecir las calles de Oviedo desde su trono porque ya quedaba muy lejano ese último año de 1964.
Misa solemne en la Corte, pero el día de mañana inestable, truncó las ilusiones y la lluvia con su insistente presencia dejó al Señor en casa, quizás esperando un mejor momento. Sin embargo para deleite de los presentes y de los que no podíamos apartar ni un segundo nuestra mirada de su rostro, el Señor de la Piedad se meció al son de las marchas que interpretaba la banda de cornetas y tambores de la cofradía desde la capilla bautismal. La Madre Amargura frente a él llorando su infinito desconsuelo. Momentos para guardar en la memoria que forma nuestra intrahistoria.
Cierto es que la ciudad anda escasa de crucificados en las calles, cierto es que éste impone al verlo en el trono, cierto es que éste merece mayor esplendor y lucimiento, cierto todo ello es, quizás algún día, quizás.


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